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Con casi cinco años de haberse estrenado y salvo los tumultos infernales en hora pico y la epidemia de celulares robados, el Metrobús ha venido a facilitarle la vida a muchos. Fue además el primer sistema de transporte de pago electrónico por medio de tarjetas recargables.
El mal diseño, se resume, a una oportunidad desperdiciada. Y en ese aspecto, las tarjetas del Metrobús (exceptuando la edición del Bicentenario) son FEAS. Así, en mayúsculas.
La primera con su foto mal recortada y fondo blanco no tiene mayor chiste. La simpática ilustración al reverso y el logo del Metrobús (hermano del logo del STC Metro) no la rescatan de ser olvidable.
Pero a tarjeta roja ya es el colmo de la conchudez. Sisí, no hay otras tarjetas en ese mismo tono y eso la hace fácil de identificar de entre otras en la cartera.
Pero salvo dicha característica, se nota que no hubo mayor esfuerzo mental en concebirla: la leyenda de “tarjeta recargable” está dispuesta en una tipografía horrenda y difícil de leer; la franja amarilla es copia mal hecha del logo de Nike (en serio, véanla en ángulo y el extremo izquierdo describe casi la misma forma del famoso ‘swoosh’) y al reverso, la leyenda legal en blanco superpuesta a nuestro querido y espantoso logo del GDF, también en blanco.
O sea, si no tienes visión perfecta, la verdad nos vale madres si lo puedes leer o no.
En resumidas cuentas, es una tarjeta mal hecha, con las pinches patas. ¿Y que encima nos la cobren?
He aquí las demás. Yo tuve la cuarta y me gustaba (digo, nunca la amé tampoco).







